Me estoy moviendo de lugar.
Y es relativo, porque geográficamente sigo habitando los mismos espacios.

Pero cuando digo que me estoy moviendo, hablo de algo más profundo.
Hablo de los proyectos que hoy tengo, de las decisiones que estoy tomando, de esa sensación interna de estar yendo hacia otro lugar.

(Es complejo… pero en esta carta te lo explico).

Hoy puedo reconocer esto después de una charla con una amiga.

Le decía que quiero que el mundo me conozca por lo que soy: un ser vulnerable, abierto al amor, dispuesto a mostrar lo que tiene.

Y ella me dijo algo que me quedó resonando:

“Eso que das no es un nicho. Lo que te define es tu autenticidad.”

Esa noche me acosté pensando en una sola palabra:
AUTENTICIDAD.

Y al día siguiente me desperté con una decisión clara:

Voy a vivir mi vida desde la autenticidad.

Pero en el medio apareció una pregunta incómoda:

¿Quiero vivir desde la autenticidad… o desde el propósito?

Antes de responderme, hice lo que haría cualquier ingeniero:
fui a buscar definiciones.

Autenticidad:
Ser genuino, verdadero, coherente.
Es cuando lo que sos por dentro coincide con lo que mostrás afuera.
Viene del griego authentikós: ser autor de uno mismo.

Propósito:
Es la intención, el objetivo, el “para qué”.
Viene del latín propositum: lo que se pone por delante.

Y desde ahí, parto.

Hoy elijo vivir desde la autenticidad.

Porque siento que el propósito, aunque necesario, a veces nos limita.
Nos define demasiado. Nos encierra en una estructura.

(Y te lo dice alguien que ama las estructuras).

Vivir desde el propósito es trazar un camino.
Pero vivir desde la autenticidad es permitirte ser mientras lo caminás.

Es soltar patrones.
Es dejar de seguir sistemas que quizás nunca fueron tuyos.

Y acá me quiero permitir cuestionar algo:

Hoy parece que todos viven —y te enseñan— a vivir desde el propósito.
Todos tienen un método, una ruta, una fórmula.

“Comprá este curso.”
“Descubrí tu sistema.”
“Definí tu camino.”

Y está bien… si eso les funcionó.

Pero ese es su caso de éxito.

A mí no me interesa saber cuánto facturaste.
A mí me interesa saber cómo viviste.

Cómo atravesaste tus procesos.
Cómo sobreviviste a tu propia historia sin dejar de ser vos.

Cómo resolviste tus quilombos.
Cómo llegaste a tocar tu cielo.

Y esto también lo hablo desde mi propia inmediatez.

Yo llevo un año creando contenido.
Sin constancia —lo admito—.

Y al principio, todo en mí era copia.
Me influenciaba de todos lados para tener ideas.

Lo tengo que decir:

Me sentía un impostor.

Porque en el fondo no quería parecerme a nadie.
Pero en ese intento de “crear”, estaba traicionando mi autenticidad.

Y es que las redes… son como la vida misma:
no a todos nos funciona lo mismo.

Te vas a perder.
Te vas a encontrar.
Vas a dudar.
Vas a creer que encontraste el norte… varias veces.

Pero hay un momento —siempre llega—
en el que algo dentro tuyo dice:

“Sé auténtico.”

Mostrale al mundo lo que sos.

Ese sistema “raro” donde conviven:
el ingeniero,
el estudiante de arquitectura,
el que va al gym,
el que corre kilómetros (aunque todavía sea un intento de runner).

Porque eso que para vos es cotidiano,
para otro… es inspiración.

Y entonces entendés algo:

No tenés que construir algo extraordinario.
Tenés que mostrar lo auténtico de tu mundo.

Es momento de habitar.
Y, sobre todo, de habitarte.

Desde lo que sos.
Sin comparación.
Sin copia.
Sin permiso.

Y quedate con esto:

El propósito es el “para qué”.
La autenticidad es el “quién sos”.

Y al final…
todo lo que construyas va a depender de eso.

Con amor,
Mikel 🙂

Vivir libres o nada.
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