Hoy me hice una pregunta que no pude soltar en todo el día: ¿somos nuestras luces… o nuestras sombras?

Y mientras más la pensaba, más me daba cuenta de algo incómodo:
quizás no somos una cosa o la otra.

Quizás somos ambas.
Y el verdadero trabajo está en reconocerlas.

Nos encanta hablar de lo que somos cuando estamos bien.
De nuestras virtudes, de lo que logramos, de lo que mostramos.

Pero hay una parte nuestra que evitamos mirar.
La que incomoda.
La que duele.
La que no sabemos cómo explicar.

Esa también somos nosotros.

Desde la psicología, Carl Gustav Jung hablaba de la “sombra” como todo aquello que negamos o reprimimos de nosotros mismos.
No porque no exista…
sino porque no queremos integrarlo.

Y ahí empieza el conflicto.

Porque lo que no reconocemos,
nos gobierna igual.

Yo soy una persona que piensa mucho.
Vivo en una introspección constante.

Antes de que alguien me diga algo,
yo ya lo estoy procesando internamente.

Estoy todo el tiempo viendo qué de mí está en la luz
y qué de mí todavía habita en la sombra.

Hace poco alguien me dijo algo que me dejó pensando:
“tu desapego emocional es tu mayor sombra”.

Y no fue fácil escucharlo.

Porque no vino como pregunta,
vino como afirmación.

Podría haberme defendido.
Podría haber rechazado esa idea.

Pero elegí hacer algo distinto:
quedarme con la incomodidad.

Porque cuando me hablan de mi “desapego emocional”,
yo pienso en dos cosas:

En lo que significa terminar una relación de ocho años.
Y en lo que implica crecer lejos de tus padres.

Ambas cosas te enseñan a soltar.
A veces de formas que no elegiste.

Entonces me pregunto:
¿eso es una sombra… o es una forma de aprender a sobrevivir?

Porque si alguien decide irse,
si alguien abre la puerta…
yo no voy a retenerlo.

No porque no me importe.
Sino porque ya aprendí lo que pasa cuando uno se queda
donde deja de ser uno mismo.

Hoy no estoy negando esa parte de mí.
La estoy entendiendo.

Estoy viendo cómo transformarla,
cómo redireccionarla.

Porque una sombra reconocida
también puede ser una forma de luz.

Y en medio de todo esto, aparece un concepto
que siento que está en todos lados últimamente:
el propósito.

Todo el mundo habla de vivir con propósito.
De encontrarlo.
De seguirlo.

Pero yo me hago otra pregunta:

¿qué pasa si antes de encontrar el propósito
tenemos que hacernos cargo de nuestra realidad?

De lo que somos.
De lo que nos duele.
De lo que todavía estamos aprendiendo.

Porque quizás el verdadero propósito
no es algo que se encuentra afuera…

sino algo que se construye
cuando dejamos de escapar de nosotros mismos.

Entonces hoy me quedo con esto:

No sé si somos nuestras luces
o nuestras sombras.

Pero sí sé que ignorar cualquiera de las dos
nos aleja de nosotros.

Y quizás ahí está el punto.

No en elegir una…
sino en aprender a convivir con ambas.

Ahora me queda una duda abierta,
de esas que no se responden en una sola carta:

¿vivimos nuestra realidad…
o vivimos nuestro propósito?

Eso… te lo escribo en la próxima.

Mikel 🙂

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Una respuesta a «¿Y si tu mayor “sombra” no es un defecto?»

  1. Avatar de Yamery Gonzalez
    Yamery Gonzalez

    A veces somos lo que hacemos sentir a los demás… otras veces somos una fachada bien cuidada que muestra una cosa… también a veces somos personas maravillosas que no vemos lo maravillosos que somos porque el ojo no ve pa dentro. Te quiero mucho Mikel.

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